sábado, 22 de noviembre de 2014

¿La fuerza de los clásicos... o clásicos a la fuerza?

A decir verdad, el tema no va solamente dirigido a gente a la que le guste leer, porque en esta ocasión quiero hablarles de algo que todos (lectores y no lectores) hemos vivido (y en ocasiones, sufrido) : 
las lecturas obligatorias.

Todos (to-dos) en algún momento de nuestra vida hemos tenido un profesor/a de literatura que nos ha mandado leer uno de esos LIBROS DE LECTURA OBLIGATORIA

¿Qué son los libros de lectura obligatoria? Pues por lo general son obras con varios siglos de antigüedad, escritas en un castellano complejo y denso, y de gran dificultad para el alumnado joven.

Y desde aquí hago un llamamiento a todos los profesores de literatura del mundo: ¿Saben que se han escrito libros en ESTE siglo? ¡Incluso en el pasado! ¡Incluso en el anterior al pasado! ¿Por qué seguirán empeñados en hacernos leer libros que huelen a polvo?

Hay algo que no voy a negar: estos libros son sin lugar a dudas grandes obras ¿Qué digo? ¡Obras maestras! Y un pilar fundamental de cualquier literatura posterior… pero cuando se manda leer un libro a unos muchachos de entre 12 y 16 años ¿Qué se pretende? ¿Cuál es el objetivo de mandar leer un clásico?

Yo creo que lo principal es que los jóvenes que NO lean le cojan gusto a la lectura ¿No? Pues sinceramente (y esto ya es opinión personal) no creo que con “El Lazarillo” o “Don Quijote de la mancha” se fomente la lectura entre los jóvenes. Todo lo contrario.

Si el primer contacto que tiene un chico o una chica con la literatura es Cervantes o Lope, lo más seguro es que no vuelvan a abrir un libro en su vida (si es que consiguen terminar el obligatorio). Seamos sinceros, para (ya no digamos disfrutar) entender cualquiera de estos clásicos hay que tener un gran bagage cultural y un pasado de mucha lectura. Ningún chico de 15 años que lea “El Quijote” puede ser consciente de lo que realmente tiene entre las manos. ¿Saborear esa obra? ¿Disfrutarla? ¿Con 15 años? syntax error

Admitámoslo de una vez: El Quijote es una lectura de facultad, nadie ha dicho un día (y menos un estudiante de 15 años) “Oye, pues esta tarde que me aburro tanto, voy a leer el Quijote” ¡NO! (al menos no por el placer de leer un libro).

Opino que, durante la secundaria e inicio de bachillerato, eso es lo que hay que buscar. El placer por la lectura, no el placer por Cervantes.

No se debe simplemente leer un clásico. En mi opinión la meta, la finalidad, es que el alumno sea consciente de la gran importancia de la obra, porque a fin de cuentas, lo importante en (por ejemplo) “La Celestina” no es la historia de amor en sí, si no el lenguaje, los personajes redondos, la trama o la propia intrahistoria. 

Así pues, sencillamente, la cuestión no radica en QUÉ leer, si no en CÓMO. Un profesor puede mandar leer la novela más actual y juvenil del mercado, o el clásico más clásico de la literatura clásica, pero si no sabe transmitirte aquello que lees, la batalla está perdida.

De modo que ¿Cuándo leer un clásico? y ¿Cómo leer un clásico?

No porque un adulto disfrute de ellos va a disfrutar un muchacho. Es mucho más probable que prefieran leer algo más juvenil, actual, algo con lo que identificarse.

Díganme ¿Qué hay de malo en mandar leer un libro juvenil? Del mismo modo que no todo lo que se escribía antes era brillante, no todo lo que se escribe ahora es una bazofia.

Creo que aquí esta el quid de la cuestión, los jóvenes deben apreciar la literatura adulta, y los adultos deben apreciar la juvenil.
Fuente: http://elcoleccionistademundos.blogspot.com.es/2013/07/la-fuerza-de-los-clasicos-o-clasicos-la.html (con pequeñas modificaciones mías sin ninguna intención de plagio.) *de hecho lo admiro demasiado así que...*

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